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miércoles, 27 de octubre de 2010

El cuaderno de las tapas endebles

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Hoy murió Néstor Kirchner. Cuando tenía diecisiete (y la sensación de perennidad de los años anteriores comenzaba a disiparse en el atisbo torrencial de la adultez) tomé la decisión de llevar un diario. Casi me obligué a hacerlo. Nunca fui bueno con las costumbres y desde entonces no mejoré nada. Mis hábitos son transitivos, a veces circulares, y esa dejadez explica este borrador del 27 de octubre de 2010. Pero la historia del diario en sí es secundaria. Solo me gustaría decir que el primer borrador es anterior a toda ficción personal. Que ese afán perentorio de llevar un registro de los años –los paisajes estacionales, las mujeres, los amigos– tiene la forma inicial de un cuaderno rebasado de palabras impresas.

En ese cuaderno –Avón estudiantil nº5, la tapa ostenta una panorámica del glaciar Perito Moreno– hay muy pocas anotaciones. Se trata de una suerte de breviario de época. Engrosaba sus páginas con la misma persistencia que las antiguas agencias de recortes. Una persistencia inútil en tiempos de hiperconectividad. El papel prensa es de muy bajo gramaje, comienza a resquebrajarse tras el primer año de archivo y después se despega, se afea y se ambarina. Buscaba conservar algunos retazos de mi época de todos modos. Contra toda volatilidad electrónica. Un collage artesenal que abarca un verano y un otoño enteros.

Hoy me acordaba de ese cuaderno de tapas endebles. Sartre escribió una vez que es necesario apropiarse de la época que nos tocó vivir (1).Aunque nos disguste, resulte o no plana, anodina y líquida. Leí ese pasaje por 2007 (era la décima página de una edición Gallimard de bolsillo que terminé de arruinar en un viaje a la Patagonia) y me disgustó. La gente es rara, se ofende fácilmente, los comentarios más certeros suelen volverse impertinencias. Sencillamente porque se alejan de toda idea de compasión. La consigna de Sartre –tan abrumadora, temeraria, tan oscuramente marxista– implicaba una responsabilidad básica. La idea es simple, hace del compromiso una atadura con el presente. Implica despojarse de toda nostalgia en sí; jugar el turno que nos dejó el azar. Me hice de esa consigna aunque me disgustara. Más allá de toda aflicción conformista. Y por eso empecé a llenar ese cuaderno de tapas endebles. Como si esa colección implicara un primer reconocimiento generacional.

La primera versión es un diario personal que nada dice de la persona en sí. En la primera página, algo desmembrada del anillado, hay dos recortes y dos fotos. En la segunda –la más borrosa–, Cristina Fernández viste una boina vasca y mira, distraída, hacia un costado. De negro, Néstor Kirchner cruza la mirada en sentido contrario. Parecen dos turistas distendidos. En esa foto (telam) se los ve radiantes. Pareciera augurar hasta un tercer mandato. Esa primera página, rebujada, levemente combada por los montones de plasticola, me molestó hasta este miércoles. Cierta contrariedad aparejada a la idea de crecer en tiempos de reformas. La moderación contra la piel tersa del adolescente. Ese cuaderno atraviesa el bombardeo aéreo a la frontera ecuatoriana; los plebiscitos de Chávez; la asunción de Cristina Fernández hasta los días finales del conflicto por las retenciones. Tenía diecisiete años y ninguno de esos hechos me parecía suficiente o trascendental.

Volví a abrirlo esta tarde. Después de pasar la mañana recorriendo una ciudad desierta. Como si el paisaje de este día pudiera zafarse del casillero que señala el 27 de octubre. Como si la noticia no se correspondiera con el funcionamiento normal de un miércoles. Hasta ayer, el lomo de ese archivo desprolijamente saturado de papel prensa desataba en mi algo de tedio. Pasó el tiempo. Este día, dos años después de llenar la última página, recibo una impresión más avejentada de esa foto desteñida que introduce el diario. Aquel panorama político comienza a distanciarse (quizás definitivamente en el país) de lo que pude apropiarme en mi adolescencia.

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El ruido de las bocinas y los motores fue reemplazado por el canto de los pájaros. Salí de casa apenas pasadas las siete. Conmigo llevaba nada más que una mochila (1 novela de H. Murakami, 1 poemario de W. H. Auden, 1 Mp3 para amenizar el trabajo de formularios). Nunca vi la ciudad tan desierta como esta mañana. Es la ciudad breve que describe De Santis para El País. El cielo tan despejado como las avenidas. Como si la ciudad se congelara para anunciar lo imprevisto. Pienso en el papel blanco que resta al finalizar todo capítulo de un libro (en ciudades desiertas como páginas vacías) y que anuncia próximos capítulos.

De Santis escribe: pasadas las 9 llegó la noticia de la muerte de Kirchner que golpeó en cada casa como si se tratara de otro extraño censo, encargado de averiguar nuestras reacciones ante lo inesperado. Con la muerte ocurre algo parecido: nos llega la noticia de que ha muerto el ex presidente, pero a la vez la noticia de que existe la muerte, como si no lo supiéramos del todo.

La reacción general es de sorpresa. La noticia atraviesa el paisaje como un trueno lento y pesado. En casa, los televisores parecen sintonizados en espera de la muerte de Kirchner. Yo me enteré en el reducto de un ascensor de servicio. Como la lluvia, pude intuir un murmullo leve, después la conjetura y finalmente el chaparrón. Terminaba de censar un sexto piso. Hacia el quinto, el ascensor en movimiento, volvieron a llamarme. Señor. (…) Digamé. (…) Se murió Néstor Kir… y la voz se perdió tres o cuatro pisos arriba. Al llegar a planta baja pedí una radio. Nada más que dos palabras.

Quise pensar en las consecuencias políticas. Pero no obtuve sino el mismo embelesamiento idiota de los primeros diez minutos. Después pensé en la reacción de la reacción (en el silencio, el champagne, los bocinazos). Y después quise recrear varias imágenes. Como una suerte de tráiler que me diera más que dos palabras. Un lapso que pesara más que las diapositivas que publicarían los diarios del jueves. Algo más que necrológicas e incertidumbre.

La imagen es esta. Allá, en Santa Cruz, el tipo más poderoso, dicen, del país, encorvado sobre un montón de papeles, sin tregua, autómata. Pensé en un departamento luminoso o un sitio anodino, espartano, sólo con lo estrictamente indispensable para trabajar. La habitación representa un mundo de sobriedad, introspección y disciplina. Los únicos adornos son las aristas cuidadosamente dibujadas de los artefactos eléctricos. Los monitores y el televisor. Plantillas finísimas de cristal líquido donde resplandece toda la información que un tipo puede aprehender con sus ojos. Después el primer ataque, la situación de rotunda soledad. ¿Cómo no había un médico con ellos? me dice un vecino. No había. El llamado a la ambulancia, el traslado, el plano secuencia. La certeza de unos pocos, el rumor, más tarde el titular atravesando las ciudades desiertas del país. Las notas y las fotos que van a cerrar (una vez más) ese cuaderno abandonado por 2008.

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La reacción general es de aflicción. Del otro lado, el silencio que no logra, todavía, sondear el límite de la sorpresa. A las once de la noche del miércoles, La Nación On line solo habilita comentarios en dos de las veintiséis notas dedicadas a Kirchner. Pero no hay comentarios. Las banderas a medio izar / los pésames presidenciales por tweeter / el luto en los perfiles de facebook. Una respuesta literaria y emocional. Como la de los párrafos anteriores. Sencillamente porque atendemos a la muerte en primer lugar. La hacemos pasar y respondemos algunas de sus preguntas. Nos tomamos un café con ella en un gesto de solemnidad. Después vienen la decepción y el arrebato. Solo más tarde cabría detenerse ante la situación en sí. Cuando la aprehensión desplace la sorpresa. Cuando los titulares de esta madrugada sean devueltos a los basurales de la ciudad.

Kirchner sea probablemente el mejor presidente de los últimos cincuenta años. Pero su muerte desnuda una articulación del poder sumamente confusa y trastornada. Amenaza con disipar la fuerza de un movimiento franqueado por figuras individuales, fragmentadas, pero mucho más poderosas que hace tres años. El asesinato político de Mariano Ferreyra precede este relevamiento.

El pesar de la oposición política es meramente situacional. Cuestión de días. Se trata del sector que reivindica los monopolios mediáticos, los ingresos extraordinarios del campo, la institucionalidad del laissez-faire. Su retórica es la del eterno retorno. ¿Retorno a qué? La muerte del líder de un movimiento desmembrado –que aún cuenta con un fuerte apoyo popular– franquea el paso a la reconfiguración de la derecha. La muerte toca la puerta en primer lugar. Después invita a la oposición. En ese departamento hay dos funerales. El primero es emprendido por una multitud. En otro recinto, las exequias cobran los rasgos de un sistema político degradado. Esa constitucionalidad tambaleante que solo reivindicaron los primeros gestos de este gobierno. El viraje que hoy está en juego.

Solo pensé en esto al volver a casa. Ahora pasan de las seis. Pienso que una diferencia porcentual podría destrozarlo todo en un mandato. Como la feliz renuncia de Menem permitió el viraje de la historia política del país lejos de los paradigmas inmediatos. ¿Puede ocurrir lo mismo en dirección contraria? Hay una diferencia fundamental entre los resultados electorales que reparte el poder político entre el kirchnerismo y la oposición. Optimista (según donde se lo mire). Kirchner hizo lo que nadie pudo hacer en mucho tiempo. Supo construir un liderazgo político. Devolvió la legitimidad a un régimen de derecho. Y Cristina es su más veraz continuadora.

Para mañana, la CGT convocó una concentración en Plaza de Mayo. Vuelvo al asesinato político de Mariano Ferreyra. La convocatoria es absolutamente innecesaria. Eso puede verse este miércoles. Lo que no tolero es la solemnidad cabizbaja de la dirección de la CGT. Tanto como el sugestivo silencio de los opositores. ¿Esa fotografía retrata a los transformadores del 2003? El gobierno de Kirchner significó un quiebre de las políticas que nos llevaron a la ruina. Pero Moyano nada tiene que ver con el viraje. Lo de mañana es una demostración de fuerza innecesaria. Porque el apoyo popular está ahí –sin gordos, sin vicepresidentes afligidos.

¿Puede sobrevivir el kirchnerismo a las estructuras en las que rearticula cada año su poder político? ¿Hasta qué punto genera un vacío de poder la muerte de Kirchner? Un asiento vacío. Este no es el primer golpe que recibe el kirchnerismo. Es, más bien, el peor golpe que podía recibir el gobierno en los últimos años. El gancho inesperado en medio del match. Si no profundiza una crisis, facilita sus condiciones. Una muerte que redibuja el escenario político argentino. ¿Qué lugar ocupa mañana Moyano en la plaza? ¿Qué palabras aguardan bajo el respetuoso silencio de la oposición? Me es muy difícil pensar en esto hoy. Me cuesta mucho escribir esto. Pero cabría decir que la sucesora es una persona tanto o más capaz que Néstor Kirchner. Aunque se vea sujeta a esta serie de interrogantes.

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Nadie es ajeno a la realidad política en la que crece. El primer acto de dignidad del que vive entre los émbolos de una época es el de la anástrofe. Ref: Inversión violenta del orden de las palabras. Que estos tiempos nos pertenezcan en lugar de pertenecerles. Aprehender el presente fulmina todo remordimiento de omisión futura. La nostalgia de lo que no nos tocó vivir es absurda. Los que nacimos en los noventas no necesitamos eso. La nostalgia reviste una contemplación angustiosa e inefectiva. Una ficción escrita en una lengua desconocida. Por mi parte, aprendí a leer el reverso de los diarios (más asiduamente el de la historia) en tiempos que si no me parecían alentadores eran por lo menos necesarios. Había que atravesar la derogación de los indultos y la renovación de la Corte para ver de cara al futuro. La institucionalidad (esa palabra tan distinguida en la Argentina) implicaba una renovación notable. Porque no sé puede recuperar lo que jamás existió. Eso me pareció claro del gobierno que asumió cuando tenía trece años. Aunque la sensación general (la del eterno retorno) fuera otra.

Vuelvo a pasar las páginas de ese cuaderno. Creo que de algunas cosas estoy agradecido. No crecí políticamente en los noventa. El gobierno de la alianza acabó con mi infancia tal como la reconozco. Pero no diezmó ninguna expectativa. Quizás por eso resulte sigiloso este borrador del 27 de octubre. Por eso y una ambivalencia demasiado trotskista, reticente y marginal. Los gobiernos anteriores a Kirchner no fueron para mí decepciones sino confirmaciones. Fue la revelación del kirchnerismo (tan distinta) la que impulsó una profunda innovación de convicciones. La necesidad de asumir una época. En una edad (y en un país) en la que muchos iniciamos esa búsqueda.

Exigua, siniestra, inexacta, burguesa e incompleta, esta historia política es más rica que la anterior. No lo niegue nadie. No sé cómo podría tomar a los 20 años la asunción presidencial de un empresario noventista o un radical bonachón. De carácter agradable, supongo, pero soso y apagado, siempre con la boca abierta y un aspecto de lelo que me saca de quicio. Detrás de ese temple deficiente –el de Cobos, por ejemplo– se ocultan los mecanismos tradicionales de la política. Es decir, de la tradición que más rechazo.

Recorto la foto en la que Kirchner ordena bajar los cuadros de Videla y Bignone en la ESMA. La vuelco en el reverso de la contratapa del cuaderno. Debajo, escribo que hay que saber discernir entre los aciertos y los desatinos. Estar más atentos que nunca. Es cierto que mi memoria se fue alejando de esos primeros años de kirchnerismo y ya son muchas las cosas que olvidé. Quizás esta muerte tiene más dolores de los que estoy dispuesto a reconocer ahora. Pero estoy seguro de que son dolores por venir.


en diario 27-10-10


“Suele lamentarse la indiferencia de Balzac ante las jornadas del 48 y la temerosa incomprensión de Flaubert ante la comuna: la lamentación es por ellos; hay ahí algo que perdieron para siempre. Nosotros no queremos perder nada de nuestro tiempo; tal vez los hubo mejores, pero este es el nuestro”.





jueves, 25 de marzo de 2010

difusión plurilingüe

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(à des amis et connus francophones)


Aujourd’hui, le 24 mars 2010, c’est férié en Argentine. C’est ne pas possible décrire en gros ca qu’il a passé entre 1976 et 1983 dans le pays. L’histoire est un déclenchement complexe. Un désordre des événements. Son narration implique toujours un débat. Il réveille, aussi, le doleur persistant des générations qui vivent encore. Mais de toutes manières, de temps en temps il faut l’annoncier comme la provocation des souvenirs et du présent. Et la mémoire, c’est l’expérience personnelle du passé et du présent. En gros, je demande un appel à cette mémoire. Pas seulement à l’histoire d’un pays comme l’Argentine. J’appelle à la mémoire d’un cas qui exprime (et saigne) la réalité traversé par tout le continent depuis la révolution cubaine jusqu’ai la chute du mur. La réalité, on m’a dit il y a longtemps, c’est l’expression de l’histoire qu’on a plus proche. Et cette histoire n’est pas agréable. Un film qu’on a déjà vu (ou bien qu’on ne connaît pas) mais qu’il faut revoir. Je demande seulement 10 minutes de lecture. Un court-métrage.

Il y a 34 ans, le 24 mars 1976, les forces de sécurité et l’armée argentine ont déplacé du pouvoir –pour cinquième fois le XX siècle- le gouvernement élu par suffrage universel. Ils ont installé une junte des hautes commandantes au pouvoir exécutif et ils ont garanti la fermeture du parlement et l’interdiction des activités des partis politiques et des organisations syndicales. Dans un contexte d’agitation social (qu’avait culminé au fin des années 60 en tout l’Amérique Latine), les militaires ont profundi la répression clandestine contre travailleurs et étudiants jusqu’au le plus sanglantes limites. Il y a 34 ans, le plus obscure période de l’histoire de l’Argentine a commencé.

Le gouvernement militaire de 1976-1983 a été soutenu par le patronat étranger et les États-Unis. Les militaires ont intégré l’Argentine à l’opération Condor (stratégie continental de suppression des droits civiles et des activités de gauche) et ils ont plongé la société dans une répression intégrale. L’articulation de son action politique a eu trois axes: la libération abrupte de l’économie, l’application du terrorisme généralisé et la militarisation des institutions.
Sûr le changement économique, les militaires ont entrepris une reforme du système financière et la diminution de la participation de l’État dans le marché. Mais la responsabilité du gouvernement de garantir un ordre propice pour l’inversion étrangère (sans syndicats ; sans grèves) a été croissante. On dit que la participation de l’État comment bénéficière a décru au contraire de son rôle bienfaisant. La même chose a passé avec les dépenses publiques. Le gouvernement a encouragé l’inversion de capital étranger dans le système financière argentin avec la garanti de maintenir des conditions sans risques. Ces bénéficies (taxation accordé de principe de l’inversion dans une économie inflationniste, fixation d’intérêt en dollars) ont été financé moyennant l’endettement de l’État.
Les militaires, en l’Amérique Latine, ils ont toujours détachés pour être très mauvaises économistes. L’endettement est la caractérisation d’une économie fragile. Après la fête initiale, il devient la fugue du capital. La libération des importations a défragmenté l’industrie entre lésés et grandes survivantes. Le changement et les lois appliqués ont décimé les salaires et les situations de travail. Le coup d’État a fini pour plonger l’Argentine dans le plus notoire retard technologique et culturel. Et la pauvreté sans commune mesure dans notre histoire arriva.
Or, pour condamner un peuple à la misère, il faut supprimer ses possibilités de protestation. Faire taire la société et semer le peur à l’organisation. En Argentine, pour condamner un peuple caractérisé par la radicalisation politique, sa richesse culturelle et ses organisations grémials, il faut ne pas reconnaître son citoyenneté et sa condition humaine. L’État militarisé a été levé sûr l’enlèvement, la torture et l’assassinat des opposants.
Après le génocide en Guatemala, l’Argentine a le privilège atroce d’être le pays avec plus de disparus en l’Amérique. La disparition impliquait la détention illégale d’un civil par les forces de sécurité, services secrets ou escadrons de la morte de l’État. Les victimes étaient emprisonnées dans centres de détentions clandestines et « interrogés » pendant sessions de torture. La torture était l’application de décharges électriques dans le corps entier (paupières, génitaux), la violation aux femmes et la pression psychologique. Il n’a pas manqué des centres organisés dans les usines des entreprises multinationales. Non plus le support des grands médias et patronats argentins et des fragments de la population civile.

Les 30000 victimes disparus par la dictature ont été des ouvriers, des étudiants universitaires, des étudiants des lycées, des activistes politiques, des infortunés sans participation politique, des intellectuels, des familles d’activistes et des refugiées politiques d’autres pays. Deux citoyennes françaises on été disparu par l’armée. Les disparus ont été des hommes, des adolescents, des anciens, des femmes, des femmes enceintes qui accouchaient dans les cachots et des bébés qui étaient adoptés par familles des militaires après la mort des ses parents. Ses corps ont été cachés, lancés à la mer d’avions militaires, enterrés dans fosses communes.
Des 30000 disparus, il n’y a pas des registres officiels pour démontrer les conditions de ces types de détentions et assassinats. Il reste seulement des ossuaires et de la mémoire. Et l’effort continu des familles qui persistent dans la recherche des fils nés aux centres de détentions. Des familles qui cherchent l’élucidation absolue de son histoire.

Le régime militaire a déchu après une tentative pathétique d’affronter une guerre contre l’impérialisme anglais. Après 34 ans, la plus part des responsables de la violation des droits humaines pendant la dictature sont encore libres. Aujourd’hui, c’est férié en Argentine. Une congrégation de plus de 30000 personnes a pris le centre historique de Buenos Aires pour réclamer l’accusation formel de tous ces responsables. Dans le pays entier il y eu des manifestations qui ont ressuscité le légat d’une génération décimé. Le coût des rêves et des luttes, dans l’histoire, peut être le triomphe ou l’échec. Mais c’est toujours le destin humain.
Moi, j’appelle à la mémoire ou l’attention de ceux qui ne connaissent pas cette passé. C’est bien se rappeler pour n’obvier pas le présent. Demain on devra se rappeler aussi de Soudan, de Palestine, du rôle qui a chaque acteur du film. Ici, il y a beaucoup des gens qui croient encore que l’oubli n’existe pas.

Je m’excuse pour mon français et je vous remercie pour l’attention,

F. Derrey
Buenos Aires, 24-03-2010

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

ley de medios

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Esta semana pensé en subir alguna reflexión sobre la ley de medios. Sinceramente no tuve tiempo ni ganas de ponerme a escribir sobre el tema. Aquel intento solemne de caracterizar un proyecto de ley, una línea política, por sobre las condiciones presentes y no por su contenido y proyección, ha sido la ficha del periodismo progresista durante estos últimos seis años. Este discurso se define por oposición a los sectores más reaccionarios de la derecha argentina. Como expresaría Saussure, el peronismo del siglo XXI se define por oposición; es cualitativamente negativo. El kirchnerismo no refleja una alternativa progresista en estos marcos. Su programa no ha sido más que un emprendimiento sobre la marcha. Despejemos los fantasmas: los DDHH no vienen del consenso de las Madres de Plaza de Mayo. Ni la desaparición de Julio López catapultó la voluntad política de emprender una reforma estructural del poder judicial que permitiera, primordialmente, acelerar los procesos contra los responsables del terrorismo de Estado. No hay recuperación institucional, como pregona el conservadurismo humanista, ni protección delimitada del poder adquisitivo de los trabajadores. La ley de medios responde a una interna entre un sector de la burguesía y el régimen político. La conceptualización trotskista puede sonar blanquinegra, pero esto es así. Detrás de la ley aguarda otro sector del empresariado y la burocracia contractualista. A esta altura del partido, mi posición desarrollaría una línea similar a la que emprendió Altamira, dirigente del PO, cuando escribió este artículo. Medidas de este tipo ponen entre espada y pared a los sectores que defienden la estatización, por ejemplo, de los fondos de distribución de aportes jubilatorios, aunque a esta suceda la capitalización del aporte o, tanto peor, su redistribución entre el empresariado.
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

patrimonial

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Hace unos días, volviendo a casa, pasé por Venezuela al 400. Hoy me enteré que pusieron en venta esa casona donde Baresford firmó su rendición en 1807. La casa perteneció a Liniers, y la valuaron en dos palos y medio. Al mejor postor.
Ahora bien, lo que pueda llegar a decirse al respecto no deja de estar subyugado a ciertos valores, cierto posicionamiento moralista. Al mejor postor significa que la casa, que encierra entre sus ladrillos una significación muy importante, al menos para la historia oficial, puede ser comprada por mengano, un capitalista amigo del negocio inmobiliario, y ser volada al buen carajo. Y de ser así, lo que restaría de ese francés realista que arrió mil quinientos ingleses, y que fue por unos años la cabeza del Virreinato del Río de la Plata, se reducirá al Archivo Histórico Nacional, a la memoria construida por la ilusión historiográfica.
No es curioso que haciendo alarde de sensiblería patriótica, asomen, hablando de ladrillos, problemas fundamentalmente políticos que también incumben, entre muchas, muchas cosas, a la fisonomía de Buenos Aires. Aquella Ciudad Vista que describe Sarlo es el resultado de dinámicas encontradas y confrontadas de distintas comunidades, grupos, clases, que habitan Capital. Y es el resultado de un contenido histórico cuyos rasgos más visibles se encuentran tanto los rostros de sus habitantes como en la ciudad física, en sus edificios. Sobre el césped del Parque Lezama, al parecer, Don Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires en 1537 –fundación que fue un fracaso-; a cinco cuadras de lo de Liniers yace la casa de Esteban de Luca, un poeta corajudo que participó de la resistencia de 1807 y decidió ser tragado por el río; de cierto balcón secundario de la Rosada asomaba la jeta Perón para dar misa. Esas cosas no se olvidan, y si no se vivieron se recuerdan igual.
Digo que la posible demolición de la casa –o su transformación en Shopping Center, en Teatro Colón- catapulta un planteo prioritario, que es el de la vivienda. La ciudad vista comienza a descascararse, en primer lugar, ante la incapacidad de garantizar vivienda y dignidad a sus habitantes, y acaba al demolerse su patrimonio arquitectónico para dar avance de las torres de cincuenta pisos -esas que habita el empresariado rico, que no bajan de dos lucas verdes y pico el metro cuadrado. El drástico avance de la nueva fisonomía produce un cambio estructural de la planificación urbana. Y esto es típico de las capitales de países en vías de desarrollo. La nominación refiere al desarrollo de un sector recortado, que representan las torres de Microsoft o Master Card, y al estancamiento de otro que cae en pedazos, como las casonas históricas, los blocks de Soldati, las escuelas y las universidades. Me acuerdo de la fotografía que ilustra la contratapa de Orientalismo, de Edward Said, editada por De Bolsillo. Por mi parte, yo describiría el paisaje desde su fundamento estético tercermundista, algo así como un brutalismo neoliberal: el hormigón está ahí, tan visible como la estructura social: al lado de la favella monumental se levanta el Hilton. Y la pantomima culmina con el puñal antiturístico: Buenos Aires no tiene playas, como las de Río, tampoco plátanos creciendo en las veredas, como en otro país bananero y centroamericano.
El avance del brutalismo macrista –y kirchnerista-, en términos arquitectónicos, modifica la ciudad vista, la deforma, repite aquella violación que describe Osvaldo Lamborghini en uno de sus mejores cuentos. Poco hizo el gobierno de los Kirchner para desarrollar planes progresivos de construcción de viviendas. El gobierno de Macri no invierte un peso en el asunto, se caga en su propia plataforma electoral. Hacia el 20 de marzo de este año la gestión del PRO anunció la reducción del presupuesto del Instituto de la Vivienda de 519 a 120 millones de pesos. La ciudad muta, los pobladores desalojados por las patrullas metropolitanas se vuelcan a las villas miseria, se vuelven parte de esos 400000 villeritos que habitan la ciudad. Y esta metamorfosis que deviene las aguafuertes porteñas de Arlt en archivos históricos, responde al interés malotrué del capital especulativo. La burguesía nacional combina pizza con champagne, no piensa en Haussmann. No es filantrópica, mucho menos humanista. Renueva los anhelos de Le Corbusier bajo el sesgo de la mediocridad gentilhombre y la desigualdad estructural. Su plan de urbanización es fundamentalmente instrumental. La burguesía nacional es ignorante, bruta, viva y desvergonzada. Si uno de estos bacanes se hiciera de la casa de Venezuela al 400, acaso el virrey Liniers deba mudarse a la 31 bis.

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martes, 8 de septiembre de 2009

un par de cosas

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Vientos de guerra comienzan a soplar...
Hugo Chávez


1. El presidente Manuel Zelaya no organizó ningún referéndum. En este sentido, no dio un solo paso sobre lo que establece la constitución hondureña. Zelaya no hubiese renovado su mandato tras el 27 de enero de 2010. La consulta de la “cuarta urna” refería a una práctica electoral informal a realizarse en las (antes) próximas presidenciales, aquellas elecciones a las que Zelaya no hubiese podido presentarse como candidato. Es decir que refería a una suerte de encuesta.
2. Aunque así lo previera la constitución hondureña, las posibilidades de Zelaya para presentarse como candidato a renovar la presidencia habrían sido notablemente reducidas por un detalle: Zelaya, como todo político, es/era respaldado por un aparato partidario. En este caso, hablamos del Partido Liberal, partido político del cual es miembro el mismo Micheletti. La ruptura para con varios sectores de la alta burguesía hondureña le habría valido, pues, una interna contra los cuadros de ésta misma. Recordemos que Zelaya es algo así como un terrateniente caudillezco, un hijo rebelde de la derecha centroamericana que optó por reducir los precios del combustible, aumentar el salario de los empleados públicos en un 50% y alinearse tras el capitalismo de estado nacionalista de Chávez, eso que Mario Vargas Llosa denomina “una pequeña dictadura populista enfeudada al caudillo venezolano”.
3. Cabe destacar, dicho sea de paso, el contexto peculiar en el que se constituye la carta magna de Honduras (otro pico de un proceso generalizado en América Latina). La misma fue promulgada en 1982, bajo el mando de Roberto Córdova, quien ganara unas elecciones de dudosa credibilidad tras la oleada de golpes de Estado que habían sacudido este país, y quien también comenzara, desde la palestra del ejecutivo, con un proceso de “purga” que incluyó la aparición de “escuadrones de la muerte” y la desaparición de militantes de izquierda. Es decir, que la constitución violada por aquellos que encañonaron a Zelaya en pijamas, expatriándolo a pesar de que “ningún hondureño podrá ser expatriado ni entregado a un Estado extranjero” (Art. 102) y presentando una falsa carta de renuncia ante el parlamento, también es obra de un gobierno represivo y derechista.
4. Aquellos argumentos que resaltan el acercamiento de Zelaya al chavismo como motivo suficiente para su desposición, soslayando el golpe militar como exabrupto moralmente legítimo, son propios de los cuadros de la derecha continental que abogan por la restitución de un orden que privilegie los intereses del empresariado transnacional y de las “oligarquías locales”. Estas declaraciones se enmarcan en la misma lógica que justifica los medios por el fin, pudiendo considerar también como legítimos la insurrección armada y violenta de un foco de cuadros político-militares, cada cual desde su posicionamiento de clase o sector. Es decir que incurren más allá del lineamiento socialdemócrata, para alinearse tras lo que podríamos llamar una derecha golpista y militarista funcional a la política exterior norteamericana (veremos esto más adelante).
5. La versión que enfatiza una desestabilización del orden político por una contradicción de intereses de clases y sectores, así como un acto que proyecta un nuevo escenario continental, es mucho más clara que la teoría de “dos demonios” que predominó en los grandes medios (El País, La Nación, Liberation, entre otros). Ésta última resulta ingenua y descontextualizada al proceso político regional en el que se inscribe Honduras, además de valorizar por igual la suscripción de Honduras al ALBA con el cometido de un golpe militar.
6. La alternativa planteada por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, (Acuerdo de San José) sentenciaría la destitución de Zelaya del ejercicio del poder real. Por lo tanto, no podría considerársela más que una prolongación de los fines del golpe. La medida fue rechazada por el gabinete de Micheletti, así como lo fue la mediación de la OEA. Cualquiera de éstas alternativas consensúales parecen no significar más que una salida contraria a los intereses populares de Honduras o, en menor medida, una prolongación del tiempo necesario para que el gobierno militar asiente su fuerza política en el país. La negación de Micheletti significa uno de los varios puntos a tratar entre la burguesía local y los sectores externos que apoyan al golpe. Este tipo de disyunción entre agentes interiores y exteriores es reparable, y por lo tanto secundario.
7. El gobierno de los Estados Unidos y su presidente afroamericano, símbolo del progresismo liberal de estos últimos meses, posee más herramientas políticas para desestabilizar el gobierno golpista que cualquier otra organización de Estados. Esto sin siquiera pensar en la intervención armada. En las elecciones del Salvador de 2004, por ejemplo, bastó que el entonces presidente G. W. Bush amenazara con interrumpir los envíos de dinero de los inmigrantes salvadoreños a su país de origen, además de advertir a los capitales estadounidenses sobre el eventual abandono del país, para que el candidato Chafik Handal, del FMLN, perdiera el caudal de votos que le hubiesen valido la presidencia. Aquello que “Obama podría hacer”, en un marco de situaciones hipotéticas no reales, es especificado por Atilio Borón en su blog.

Es posible, entonces, considerar que el golpe de estado en Honduras refleja la proyección continental de un proceso político en formación. En un contexto de crisis económica y militar de la principal potencia occidental, no es extraño que recrudezcan los enfrentamientos entre aquellas fuerzas de intereses contradictorios. Esto mismo porque, si bien los gobiernos de Chávez y otros no establecen más que diferencias superestructurales para con otros países, éstos mismos constituyen el impedimento real para reestablecer las medidas similares a las que acostumbramos gran parte del siglo pasado. La implementación de relaciones funcionales al capital transnacional y financiero a las que subyaga una mano de obra devaluada y la concentración del poder económico sobre un mercado cautivo, así como ocurriese entre Felipe Calderón y Obama (por no hablar de Álvaro Uribe) entra en conflicto con los programas del ALBA. Esto ocurre a pesar de posibilidades de dominación consensuadas: el establecimiento de un “Plan Colombia” a nivel regional es imposible en este marco. Los intereses que pueda tener Estados Unidos sobre regiones estratégicas, pues, están muy por encima del tipo relaciones que podrían pactar, por ejemplo, los gobiernos de Venezuela y España. Se recordará la voz que el rey tuvo en la UE a pedido de condenar el golpe en Honduras. Esto ocurre después de la firma de grandes contratos de obras públicas entre Zapatero y Chávez, por no hablar de las concesiones al grupo Repsol para la explotación de petróleo en el Orinoco.
El golpe puede ser visto, entonces, como un acto político de similar significación a la que pudiera tener el establecimiento bases militares norteamericanas en Colombia, allá cerca de Venezuela, cerca del bastión del ALBA y de la cuenca petrolífera más grande del mundo. Como señaló el portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Philip Crowley, la salida en Honduras funcional al orden que pregona Uribe en su gira continental (con vista principal a Brasil) es la de la restitución de Zelaya tal como señalé en el punto 6. Es decir, siempre y cuando se “siga cuidadosamente los pasos delineados en el Acuerdo de San José”. Acaso lo que haya querido decir Crowley es que el objetivo primero, anular cualquier fuerza política dominante que se alinee con Chávez, ha sido alcanzado. Lo que resta es calmar los humos de una gran cantidad de hondureños, la radicalización de esa amenaza histórica para las clases dominantes.

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