miércoles, 30 de septiembre de 2009

if ever you go

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Everyday is a good day to remember Dublin town.

If ever you go to Dublin town

in a hundred years or so

inquire for me in Baggot Street

and what I was like to know.


P. K.

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ley de medios

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Esta semana pensé en subir alguna reflexión sobre la ley de medios. Sinceramente no tuve tiempo ni ganas de ponerme a escribir sobre el tema. Aquel intento solemne de caracterizar un proyecto de ley, una línea política, por sobre las condiciones presentes y no por su contenido y proyección, ha sido la ficha del periodismo progresista durante estos últimos seis años. Este discurso se define por oposición a los sectores más reaccionarios de la derecha argentina. Como expresaría Saussure, el peronismo del siglo XXI se define por oposición; es cualitativamente negativo. El kirchnerismo no refleja una alternativa progresista en estos marcos. Su programa no ha sido más que un emprendimiento sobre la marcha. Despejemos los fantasmas: los DDHH no vienen del consenso de las Madres de Plaza de Mayo. Ni la desaparición de Julio López catapultó la voluntad política de emprender una reforma estructural del poder judicial que permitiera, primordialmente, acelerar los procesos contra los responsables del terrorismo de Estado. No hay recuperación institucional, como pregona el conservadurismo humanista, ni protección delimitada del poder adquisitivo de los trabajadores. La ley de medios responde a una interna entre un sector de la burguesía y el régimen político. La conceptualización trotskista puede sonar blanquinegra, pero esto es así. Detrás de la ley aguarda otro sector del empresariado y la burocracia contractualista. A esta altura del partido, mi posición desarrollaría una línea similar a la que emprendió Altamira, dirigente del PO, cuando escribió este artículo. Medidas de este tipo ponen entre espada y pared a los sectores que defienden la estatización, por ejemplo, de los fondos de distribución de aportes jubilatorios, aunque a esta suceda la capitalización del aporte o, tanto peor, su redistribución entre el empresariado.
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martes, 29 de septiembre de 2009

viglietti

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Hará dos sábados escuché el himno nacional del Uruguay por primera vez. Un amigo de villa crespo me había dicho de ver a Viglietti, aquel cantautor que apresaron los militares y que liberaron Sartre y Cortázar, que se había venido a Buenos Aires por unos días. No sé bien quien pasó el dato (creo que una chica seguidora de José Martí y del PSUV) pero nos encontramos en una escuela primaria en Almagro, un edificio de los cuarenta sobre Guardiavieja. Adentro, se preparaban los oradores del Frente Amplio –cinco senadores- y de público esperaban unos ciento y pico de orientales expatriados que residen en Buenos Aires. Por esa razón y Viglietti estaban ahí. Nosotros por Viglietti; lo demás vino de yapa o epílogo. Yo no pensé que en una escuelita como aquella pudiera organizarse un acto así (lo asocié, sinceramente, al tamaño de Uruguay, a la reticencia del PRO sobre ofrecer un lugar más apto). Unos cien quedaron en la calle por asuntos de capacidad.

En el acto me enteré que en octubre se realiza un plebiscito que va a determinar si los uruguayos emigrantes pueden votar desde el exterior, vía postal. Hasta ese sábado no supe que los 650000 ciudadanos de Uruguay que residen puertas afuera –15% de la población- deben pisar madre tierra si gustan de ejercer el derecho al voto. Leyó una declaración al respecto un poeta que no conozco, y habló también, labia y senil, el presidente del Frente Amplio. Socialdemócrata y emotivo: entonces tronó el himno que compusieron Blas Parera y López y Planes (a Parera le habían dicho que de no hacerlo lo fusilarían) y después el himno oriental, que viene a ser una opereta estridente que repite tres consignas una y otra vez. También es el himno nacional más largo en duración. Orientales la patria o la tumba, dice. Es el voto que el alma pronuncia y que heroicos sabremos cumplir, repite. Esto se cumpliría en caso de ganar el SÍ a la reforma del modus de voto. En casos así (me dijo mi amigo el ruso) cantar La Intenacional supera cualquier tipo de trastornos o demoras: se rematan dos temas con un solo himno.

Al rato subió el mismísimo Viglietti, que estuvo de diez. Se le ocurrió dividir la lista en dos listas iguales, cosa que entraran los de la calle en reemplazo de los que estábamos. Algo así como socializar la música o, en términos del imaginario progresista, redistribuirla. Cantó una chacarera de Yupanqui y cerró desalambrando.

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jueves, 24 de septiembre de 2009

al paso

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"La obsesión nos hace perder el sentido del tiempo, uno confunde el pasado con el remordimiento."
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Gracias, Piglia.
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lunes, 21 de septiembre de 2009

à bientôt

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F. Derrey, Été 2008
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on m’a dit c’est toujours
printemps à paris.
vous mes mains, ne vous ouvrez pas
vous mes bras, ne vous tendez pas.
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domingo, 20 de septiembre de 2009